La muerte inexorable del nosotros

CLAROSCUROS

José Luis Ortega

La muerte inexorable del nosotros

(1)

Algo no cuaja.
Hay un punto ahí, en medio de esa luz, muy negro, cada vez más grande y ajeno a los dichos desde la moral, la ética, los sueños, las conquistas individuales y grupales de toda sociedad autoreconocida como tal…
A menos, claro está, de vivir en un grupo canibalesco al cual deberíamos reconocerle la franqueza de su sino: ¡Comemos semejantes y punto!
De no admitir dicha orientación vocacional estamos parados ante la hipocresía, la indiferencia, el suicicio social, el paredón de los canallas junto al cual son colocados los canallas a ser ejecutados por canallas en un grupo no humano sino de canallas…
Eso somos?
(2)
Apenas el jueves, luego el viernes y para concluir durante las primeras horas de un sábado pasado por las primeras lluvias frescas del otoño, se montaron filas para vacunar a muchachos de 18 a 29 años contra el Covid…
Luego, hacia el medio día del viernes y la media noche de aquella jornada o la madrugada sabatina, dos jóvenes fueron baleados hasta morir…
Por fin!
Les salvamos la vida a nuestros jóvenes o los matamos de una vez?
Maldita sociedad de cobardes, somos…
(3)
Esta historia pudo transcurrir en cualquier parte de mi país porque nos hemos convertido en un territorio muy generoso para enterrar seres vivos y lanzar loas a difuntos…
Ambas despedidas sin pudor ocurrieron, sin embargo, en Acayucan donde un chiquillo fue testigo de cómo sacaban de un cuartucho a su vecino -apenas un poco mayor- y su tarea escolar se transformó en la inefable adaptación auditiva ante el estruendo…

-“Papá, lo ví, lo escuché…tengo miedo” narró el niño estudiante del nivel medio…
-Tírate, tírate y no salgas, le respondieron al otro lado del auricular…

(4)
La doble jornada ha continuado como las gotas propias del olvido; esas que apenas mojan.
Otros otoños se han vivido con reacciones frente al actuar de los canibales pero hoy padecemos algo semejante a la indiferencia, muy hermanada con la sobrevivencia, todo ligado al olvido…
Sí. Ingenuos. Tontos.
Como si la muerte pudiera olvidarse…
Tal cual si la sepultura del otro no fuese -inexorablemente- el acto dolororo de arrojar tierra sobre el ataud de nosotros mismos…

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